Relato corto, interpretación del cuadro Mondanités de Lily Brick por QQ.

Relato locutado por Pablo Diablo.

Una noche más, como desde hace ya demasiado tiempo, estoy junto a mi guitarra en este escenario tan pequeño y delante de este auditorio por el que parece que no ha dejado huella el tiempo.

Había pasado mayo del 68, a la guerra de Vietnam ya se le veía el fin, pero para mi público todo seguía más o menos igual.

Algunos, los menos, estaban atentos a mis textos, otros yo creo que miraban mi pelo largo, desaliñado, y la mayoría estaba a lo suyo.

Para un jueves del mes de abril en París no estaría mal, dirían algunos… para mí es un auténtico fracaso.

Solo cuando hago una versión de Brel, o Piaf noto que esta gente dirige sus miradas hacia mí, y en cuanto interpreto un tema propio vuelven a sus cosas… Maleducados…

Ahí está el señor del chaleco azul, con su camisa con gemelos y su pajarita azul deshecha, se debe creer muy importante, con su copa de coñac en la mano y su aire de superioridad… seguro que ha dejado en guardarropía su americana azul a juego con su traje y su abrigo, azul marino o negro… Está pensativo mirando a la que probablemente es su esposa, que viste igual que su madre, con el mismo collar de perlas y su mismo peinado, seguro que ella le está riñendo por beber demasiado, y seguro que él bebe para evadirse de su vida de mierda. En el fondo, este está peor que yo…

Comparten mesa con otra pareja igual de aburridos que ellos, ella le está susurrando algo al oído, seguro que nada bueno, en estos colegios de pago ¿no les enseñan educación? ¿No les enseñan que no se cuchichea? Deben de ser “amigos”, esa clase de “amigos” con los que compartes una cena, haces un negocio, o juegas el domingo un partido de tenis antes de ir al restaurante. No esa clase de amigos que te acoge en su casa cuando lo necesitas, a los que puedes acudir a cualquier hora del día o de la noche cuando algo te atormenta o te preocupa, esa clase de amigos que te pide dinero prestado y no le preguntas para que…

Son diferentes tipos de amistades.

Como veo que están muy distraídos voy a cantarles Les Bourgeois (Los Burgueses), de Brel. Se lo voy a dedicar a ellos, sin que ellos lo sepan.

Canto las estrofas mirando al suelo, y cuando llego al estribillo los miro a los ojos y canto:

Los burgueses son como los cerdos, cuánto más viejos más tontos. Los burgueses son como los cerdos, cuánto más viejos más gilipollas.

Acabo el tema y me invade una gran tristeza, no se han dado por aludidos, seguros que se deben de pensar que son modernos, progres, solo porque conducen un tiburón y han cambiado el club de polo por este antro donde me vienen a “escuchar” a mí…

Yo… que iba a cambiar el mundo con mi guitarra, aquí estoy haciendo de bufón para esta corte de imbéciles por 200 francos.

Visto el éxito vuelvo con un tema propio, total no me van a escuchar…

En la mesa hay una jovencita de rojo a la que Jean Pierre le está sirviendo un Dry Martini, debe de ser la hermana pequeña del de azul, la que dicen que esta liada con Henri, el Chef, porque me comentó la semana pasada que estaba tirando los tejos a una clienta muy mona.

Debe de ser ella, porque si no jamás se atrevería a ponerle la mano en el hombro a una clienta, cosas de clases… digamos.

A Jean Pierre también le hubiese gustado “saltarse la clase”, pero el chef llegó primero, y claro, para la jovencita un chef está antes que un camarero.

Al otro lado de la escena tenemos a Julie, con sus gafas cuadradas, sus labios pintados y su pelo perfectamente peinado, ella es la única que viene a escucharme, por eso sé su nombre, viene cada semana y arrastra a su marido que está pendiente de todo excepto de la música, a este pobre desgraciado no lo puedo criticar, viene por acompañar a su mujer y bastante penitencia tiene.

Ella siempre quiere hablar conmigo cuando acaba mi actuación, es una persona muy culta, interesada en todas las artes, con ganas de aprender y disfrutar, desgraciadamente casada con un señor con nada de sensibilidad para el arte, lo suyo son los negocios. Julie se sabe todas mis canciones, quizás algún día le proponga tomar un café para charlar sobre la vida, aunque… la verdad es que no se me da bien decir las cosas sin mi guitarra, y ella no creo que jamás me proponga algo así y más estando su marido presente.

La verdad es que esta noche está especialmente guapa.

A la derecha una pareja de progres, él con su traje de pana y tomando notas, y ella con su cinta a la cabeza. La chica me mira y le dice algo al oído, él sonríe, ¿qué estarán diciendo? ¿Me habré dejado la bragueta abierta? Es la primera vez que los veo y no sé si están aquí para escuchar mis canciones o son los hermanos pequeños de alguno de esos burgueses y simplemente quieren iniciarse en la noche parisina.

A su lado otra pareja, él tomando una copa de whisky con su corbata sin chaqueta, ella mirándome fijamente.

Quizá sean dos amigos, el de la chaqueta de pana y el de la corbata, que han ligado con estos dos bombones, quién sabe.

Si es así… la de amarillo no quiere saber nada de su acompañante, la distancia que les separa es un océano, en cambio la otra pareja está fusionándose… de hecho la cara del de la corbata es un poema…

Hay otro señor también sentado en un taburete… ¿Cómo es posible? Tres hombres cómodamente sentados y dos damas de pie ¿Nadie les va a ofrecer su asiento? Desde luego ya no hay formas ni modales. Bueno… ese señor podría ser cualquier persona, un inspector de hacienda, un cazatalentos, un psicópata solitario… venir solo a un concierto como este no es muy norma…, es la primera vez que lo veo, luego preguntaré a Pierre a ver si me saca de dudas.

Voy a cantar algo de Brassens, a ver si se la saben…

Detrás de ellos están los bármanes, Pascal, el más joven, especialista en cócteles, en llevarse buenas propinas y en seducir a las mejores clientas; y Fernand, el más mayor y encargado del bar, digamos que él solo trabaja si es necesario, dice que todas las copas que debía servir en esta vida ya las ha servido, y que su trabajo es otro. Pascal y él no se llevan especialmente bien, pero se soportan.

Estoy a punto de acabar el concierto, y como no quiero pagar mi consumición le hago un gesto a Jean Pierre para que me traiga un vodka con naranja, privilegios de los “artistas”; si me lo pido cuando acabe el concierto lo tendré que pagar…

Jean Pierre viene con mi copa y aprovecho para anunciar el último tema, veo a Julie apuntando algo en un papel y hacer una bola con él.

Al acabar, se levanta sonriendo nerviosa y me da la mano, su marido ha ido a buscar los abrigos, las luces se han encendido y han puesto un disco de los Beatles. Algunos se levantan y otros se quedan sentados.

Julie: Me ha encantado el concierto, tus temas tienen mucha fuerza, me encantan los textos, detrás de ellos hay mucha profundidad, es una lástima que no tengas más audiencia, esta panda ni siquiera se ha dado cuenta cuando les has dedicado el tema de Brel.

Yo: Muchas gracias, Julie, tú le das sentido a esto que hago, al menos veo que hay una persona que aprecia mi trabajo. Me haces feliz.

Julie: Me encantaría tomar un café contigo mañana a las 4 de la tarde, te he anotado aquí la dirección de una cafetería. Por favor, ven, te espero… no digas nada, mi marido no sabe nada…

Yo: eeeeh…

Julie se marcha con su marido, yo me quedo ahí mirando la puerta, petrificado, en mi mano el papel todavía sin desdoblar, inmóvil. Por fin consigo reaccionar. Pongo mi guitarra en su funda, me tomo mi copa de un trago, y paso a cobrar, como cada noche.

Me pongo mi abrigo y salgo a la calle. Tiro el papel todavía sin desdoblar mojado en sudor en la primera papelera que encuentro. Y entre lágrimas me voy andando a casa.

Ni la semana siguiente, ni ninguna semana volvió Julie a escucharme.

Y yo me arrepentiré toda la vida.

FIN

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